(Relato breve de Fermín Alonso López, con motivo de la festividad de San Jorge)
En tan pocas palabras, que bien se describen unos sentimientos cargados de sensaciones, Fermín gracias.
El abuelo se había pasado los últimos años hablándole del pueblo, de la siega y la trilla, de las fiestas, de cuando había médico, boticario y cura, de las mozas, de las rondas; se sabía de memoria todas las viejas canciones que le cantaba desde que era pequeño, pero ya no se oía nada desde su muerte.
En vacaciones decidió visitar el lugar donde estaban sus raíces, porque no lo conocía; compró ropa y calzado para el monte, una pequeña mochila, en la que metió varias latas, junto con algo de embutido y en su todoterreno salió hacia el Pirineo. Con la ayuda del GPS llegó por un camino infernal, que parecía abandonado, hasta las ruinas, todavía orgullosamente enhiestas, de lo que en su día fuera el pueblo de sus mayores; a duras penas localizó la plaza y los restos de una fachadaque coincidía con lo que le habían descrito mil veces. El enorme portón yacía en el suelo, podrido; lo atravesó y en lo que parecía el zaguán vació una urna con cenizas. Descansa en paz, abuelo.
Haber vivido las migraciones de nuestros #mayores con sus historias constantes, así como haberlas conocido en nuestra infancia, nos posiciona ante este magnifico relato con un sentimiento especial que nos pone la carne de gallina.
Esperamos que te emocione su lectura como a nosotros, y como no, te pedimos que difundas el mismo entre tus amigos y seguidores de redes sociales, compartir sentimientos es todo un tesoro que siempre tiene recompensa, pocas cosas cuestan tan poco y generan tanta riqueza.
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